Mostrando entradas con la etiqueta Sylvana and Doyle. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sylvana and Doyle. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de octubre de 2010

Sylvana tiene un problema.

Las gotas de lluvia se dedican a caer por el cristal sin darse cuenta de que alguien intenta mirar a través de ellas. Sylvana se encoge sobre si misma una vez más, abrochándose el largo abrigo negro que pesa dos kilos más por culpa de la cantidad de agua que a absorbido. La lluvia no es una buena acompañante para los reencuentros. Pero no tiene tiempo para esperar, y aunque la lluvia le cala los huesos y la enfriá los ánimos ahora está allí, delante del cristal de esa cafetería oculta en un viejo callejón.

Una gota brillante cae al suelo, y de deshace entre minúsculas salpicaduras. Desaparece, y la seguridad de Sylvana hace lo mismo. Se estrella contra el suelo y sus labios se tuercen en una mueca, preguntándose que hace allí. Mirándole, mirando como abraza a un pequeño monstruito de cabello negro como el suyo, mirada brillante y sonrisa traviesa.

¿Qué hacía allí? Estropearle la vida, y si no podía ayudarla, y si no quería ayudarla.

Entonces la vio y soltó al pequeño que llevaba entre sus brazos que corrió disparado hacía la otra punta de la cafetería donde un par de amigos le esperaban con los brazos alzados y las manos llenas de chapas.

Sylvana se decidió a entrar y vio a Doyle sonreír como solo el sabía, mostrando todos sus dientes, y en primer lugar ese incisivo roto por un mal golpe mientras corría con la bici. Y cuando la abrazo, Sylvana comenzó a llorar, remplazando las dulces gotas de una lluvia pura, por amargas lagrimas que se estrellaban contra el suelo. Porque Sylvana tenia muchos problemas y no le quedaban sueños. Y sin sueños, no se puede vivir.

lunes, 19 de julio de 2010

Cumpleaños feliz

El chicle explotó, y mancho la cara y los labios de Sylvana de un tono rosa claro. Se lo intentó despegar como podía, tirando del chicle con sus dedos.

Doyle dio una calada a su cigarrillo Malboro y suspiró.

-Dentro de tres días cumplimos los veinte.-murmuro, perfilándose los labios con su lengua para volver a saborear el cigarrillo.

-Lo sé.-respondió Sylvana volviendo a masticar el chicle.

-Y tendremos tarta, y velas y creo que mama quería comprar unos gorritos de colores.-continuó, dando vueltas al cigarrillo entre sus dedos.

-Ya, lo sé.

-¿Y qué vas a pedir?-preguntó entonces, rascándose el lateral de la nariz.

Sylvana miró a su compañero, desde su chaqueta de cuero, su camiseta de AC/DC, hasta sus ojos verdes y claros como los suyos y a su pelo castaño claro con las puntas salteadas. No era la típica persona que haría dichas preguntas.

-¿Qué quieres que pida?-preguntó.-Paz, prosperidad, y un novio nuevo. A Jesse le han toqueteado demasiado.

-¿Nada más?¿Solo eso?

-Si, Anthony, solo eso.

-¿Sabes? Yo voy a cambiar de deseo, necesito algo nuevo.-Sylvana volvió a hacer una pompa con el chicle rosa.-Cumplir veinte años conlleva sus riesgos.

-¿Riesgos?

Anthony asintió tirando el cigarrillo al suelo y pisándolo con sus botas militares.

-¿Te vas? ¿Y qué es de tu deseo?-preguntó Sylvana entornando los ojos.

-No puedo decírtelo. Si lo hiciera, Syl, jamás se cumpliría. Ya lo descubrirás por ti sola, tengo un presentimiento. Creo que este deseo se cumplirá.